Crítica Tomorrowland: El mundo del mañana

En Parque Corredor nos encanta el cine y en esta ocasión La Esquina de la Moda cuenta con una colaboración especial. La web de cine y series “El palomitrón” ha escrito para nosotros una crítica sobre un estreno de cartelera para toda la familia Tomorrowland: El mundo del mañana explicando los pros y contras de la películaConsulta los horarios en nuestros cines Cinesa,  ¡no te la puedes perder!

Crítica:

Si hace unas semanas Mad Max: fury road demostraba que hay vida en el género de acción más allá de los últimamente algo cansinos (y repetitivos) superhéroes, Tomorrowland: El mundo del mañana desembarca en las carteleras para demostrar igualmente que el cine familiar no debe limitarse a las cintas de animación. Brad Bird, director formado y versado en el cine de animación (suyas son la interesante Los increíbles y la maravillosa Ratatouille) sorprendió a todos escogiendo una atracción original de los parques Disney (así lo eran también los piratas del caribe de Gore Verbinski)  para encarar su segunda incursión en el terreno de los largometrajes de imagen real, elección que supuso la renuncia del director a hacerse con las riendas del episodio VII de la popular saga de Lucas y que disparó las expectativas desde que se anunció el proyecto.

Imagínense un mundo que habita en una dimensión paralela a la nuestra. Un mundo habitado exclusivamente por brillantes e inteligentes soñadores que han puesto sus elevados coeficientes intelectuales al servicio de su creatividad. Sin trabas, sin limitaciones. Con toda su inteligencia centrada en un único objetivo: mejorar la calidad de vida de todos los que habiten en su sociedad. Damas y caballeros, bienvenidos a Tomorrowland.

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Con este punto de partida arranca una de las propuestas más ambiciosa en cine familiar de los estudios Disney de estos últimos años, una propuesta pensada para un público familiar y diseñada para ser disfrutada por todos los miembros de la familia, porque si Tomorrowland recupera el espíritu de los clásicos ochenteros para apelar a la nostalgia de los que ya llevamos unas décadas enamorados del cine (imposible no acordarse de Regeso al futuro o E.T., por citar sólo algunos de los pesos pesados de los ochenta), la cinta de Bird funciona también de maravilla como inyección de valores para los más pequeños de la casa.

El resultado es desigual, porque Tomorrowland es tan ambiciosa que naufraga en su último tercio, víctima de una estructura narrativa ideal para una película que hubiese extendido su duración hasta los 160 minutos de metraje (su primera media hora no deja de ser un prólogo), y así, lo que comienza como un refrescante (y ejemplar) ejercicio de cine familiar acaba convirtiéndose en sus compases finales en una película monótona en su resolución, que vuelve a poner encima de la mesa la importancia no sólo de contar con un guión en condiciones sino también de un buen trabajo de edición en la fase de montaje. Lo que para los espectadores más jóvenes será un espectáculo asegurado, probablemente no termine de convencer a un espectador más adulto, más exigente y con más horas de vuelo en esto de consumir cine.

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Y duele especialmente porque Tomorrowland despliega durante sus dos primeros tercios de metraje una eficaz combinación de nostalgia por un cine que hace mucho que hemos perdido y ritmo. Un cóctel que en su tramo final se evapora para dar paso al temido piloto automático que a todos nos resulta, por desgracia, cada día más familiar. Pero no por ello Tomorrowland debe condenarse de manera automática porque las virtudes de su premisa y el desarrollo de su argumento evitan el suspenso. Así, lo último de Bird presenta dos historias que se desarrollan en diferentes tiempos y espacios notablemente rodadas y con un excelnte uso de los efectos especiales, totalmente al servicio de la historia. Todo ello impregnado de la inocencia y la vitalidad más ochentera, aquel espíritu que todos reconocíamos en la más reciente Super 8, el personal homenaje de J.J. Abrams a esta década dorada del cine juvenil.

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Tal es el pulso narrativo en los primeros estadios de la cinta que apenas hay tiempo para detectar las carencias de tomorrowland. Sólo cuando el guión se destapa como un escollo infranqueable que termina por lastrar irremediablente al conjunto (lo firma Damon Lindelof, un superlase que está detrás de los guiones de Prometheus, Guerra mundial Z o la inclasificable Cowboys & Aliens, entre otras lindeces) y pone en evidencia los defectos individuales de Tomorrowland, porque mientras Bird y su dominio del lenguaje cinematográfico desvían la atención, uno no repara en lo justo de todas las interpretaciones. Éstas no están a la altura bien por culpa de un triste esbozo de los personajes (es el caso de Hugh Laurie, nuestro inolvidable Doctor House), bien por culpa de hacer excesivamente suyos los personajes (Parece que George Clooney solo se siente totalmente a gusto con perosnajes que destilan ironía), o directamente por culpa de sombras mucho más alargadas y afiladas (Si os viene a la cabeza el nombre de Jennifer Lawrence viendo la interpretación de Britt robertson o el de Anne Hathaway en el caso de la Raffey Cassidy, no os alerméis). Entre todos ellos destaca el trabajo de Pierce Cagnon, que muchos recordaréis por dar vida al inquietante enfant terrible de la interesantísima Looper. Y en esta línea se mueve la B.S.O. compuesta por Michael Giacchino, un compositor habitual del director (y que se la juega en la inmediata Jurassic World), que en algunos pasajes resulta estridente y poco acorde con la acción que vemos en la pantalla.

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Con todo esto, y con el festival de secuelas, remakes, reboots, spins off y lo que haga falta inventarse, Tomorrowland es una opción más que recomendable para el público que busque un poco de originalidad en la cartelera y casi obligatoria para los que optéis por ir al cine en familia, porque los valores que trasmite son ideales para completar el siempre tortuoso ejercicio de la educación, y porque quién sabe, quizá su mensaje cale tan hondo en ese niño espectador que éste salga de la sala decidido a ganarse a pulso uno de los pins que ejercen de llave (y de premio) para abrir las puertas de un mundo mejor.

LO MEJOR:
  • La nostalgia que desprende la cinta.
  • La intención de Bird de servirnos algo original y para toda la familia.
  • Su epílogo.
LO PEOR:
  • Su estructura narrativa resulta ideal para un filme más largo, pero mortal para solo 120 minutos.
  • Su tramo fianl no está a la altura del resto del conjunto.
  • Más de uno tendrá problemas para entender la resolución.
  • Que el pequeño Pierce Cagnon no tenga más minutos.

Alfonso Caro.

Alfonso Caro es fundador y Manager del espacio Web dedicado al cine y las Series “El Palomitrón”. Miembro del Círculo de Escritores cinematográficos (CEC) y de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE). Su pasión por el cine le ha empujado a devorar cine y defender firmemente el papel de éste como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad.

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